¿Donde esta esa la flor, la más hermosa de mi jardín?, ya no está. Los vientos del desamor de la vida la arrebataron de mis cuidados, de mis manos. La devolvieron a la tierra que la hizo nacer. Ya no la puedo nutrir, ya no la puedo velar, ya lejos de mi protección sus aromas están. Y es que es tan hermosa su presencia, bueno su semblante y limpio el corazón que habita en su interior, que el pájaro del tiempo trino a mis oídos que muy cerca estuvo del Señor. La hermosa flor esta vez en mí se fijo, pero fue tan torpe mi elección que de mi vida, en parte, desapareció. Poco la puedo nutrir, casi nada la puedo regar, y menos proteger de las duras inclemencias de la tierra que ahora habita. Ya nada puedo decidir, solo sufrir al ver, como de pena sus pétalos caen, pues otros, no saben ver la aterciopelada y cálida nobleza de su corazón. Solo destacan las ahora, punzantes espinas de su largo y fibroso tallo, flexible y suave en antaño. ¡Dios!, no quiero ser nunca más jardinero. Si de mi ha de venir flor alguna, la pr
óxima vez, hazme tierra húmeda y fértil, que pueda acariciar la fortuna de tener una flor tan hermosa, como la que en esta vida me dieron para más tarde “gozarla” desde el exilio del corazón.Si tu que estás leyendo este clamo, y tienes la fortuna de tener la flor que Dios te dio bajo tu cuidado, recuerda: No hay mejores zapatos, ni escuela, ni mejor comida, ni juguete más gracioso, ni mejor traje, ni cobijo, que el abrazo, la caricia, el beso y la dulce palabra y mirada que le puedas dedicar diariamente a tu hijo/a. Eso es lo que tu y él, os llevareis de esta vida. Lo demás se marchita.
DEDICADO AL SER QUE MÁS HE AMADO, AMO Y AMARE DE TODA MI VIDA. MI HIJO.



