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lunes, 1 de diciembre de 2008

PARA TI SI ERES JARDINERO O JARDÍN DE UNA HERMOSA FLOR.

¿Donde esta esa la flor, la más hermosa de mi jardín?, ya no está. Los vientos del desamor de la vida la arrebataron de mis cuidados, de mis manos. La devolvieron a la tierra que la hizo nacer. Ya no la puedo nutrir, ya no la puedo velar, ya lejos de mi protección sus aromas están. Y es que es tan hermosa su presencia, bueno su semblante y limpio el corazón que habita en su interior, que el pájaro del tiempo trino a mis oídos que muy cerca estuvo del Señor. La hermosa flor esta vez en mí se fijo, pero fue tan torpe mi elección que de mi vida, en parte, desapareció. Poco la puedo nutrir, casi nada la puedo regar, y menos proteger de las duras inclemencias de la tierra que ahora habita. Ya nada puedo decidir, solo sufrir al ver, como de pena sus pétalos caen, pues otros, no saben ver la aterciopelada y cálida nobleza de su corazón. Solo destacan las ahora, punzantes espinas de su largo y fibroso tallo, flexible y suave en antaño. ¡Dios!, no quiero ser nunca más jardinero. Si de mi ha de venir flor alguna, la próxima vez, hazme tierra húmeda y fértil, que pueda acariciar la fortuna de tener una flor tan hermosa, como la que en esta vida me dieron para más tarde “gozarla” desde el exilio del corazón.
Si tu que estás leyendo este clamo, y tienes la fortuna de tener la flor que Dios te dio bajo tu cuidado, recuerda: No hay mejores zapatos, ni escuela, ni mejor comida, ni juguete más gracioso, ni mejor traje, ni cobijo, que el abrazo, la caricia, el beso y la dulce palabra y mirada que le puedas dedicar diariamente a tu hijo/a. Eso es lo que tu y él, os llevareis de esta vida. Lo demás se marchita.
DEDICADO AL SER QUE MÁS HE AMADO, AMO Y AMARE DE TODA MI VIDA. MI HIJO.

sábado, 8 de noviembre de 2008

SOBRE LOS HIJOS.


No me des todo lo que te pido. A veces, solo pido para ver hasta cuanto puedo coger.
No me grites. Te respeto menos cunado lo haces; y me enseñas a gritar a mí también. Yo no quiero hacerlo.
No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si haces sentirme mejor que los demás alguien sufrirá, si me haces sentirme peor que los demás, seré yo quien sufra.
No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión. Déjame valerme por mi mismo. Si tú haces todo por mi, yo nunca aprenderé.
No me digas NO, ante una petición mía. Mejor dime el porque no. Eso me hará entender y volverme un adulto razonable.
Cuando yo hago algo mal, no me exijas que te diga el porque lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
Cuando estéis equivocados en algo, admitirlo. Así me enseñarás con tu noble ejemplo a admitir mis equivocaciones.
Trátame con la misma amabilidad y cordialidad que tratas a tus amigos. ¿Por que papa no le pegó con la correa a Manolo cuando este quemó el sofá de casa con el cigarro, mientras veían el partido de fútbol?
Cuando te cuente uno de mis problemas, no me digas "no tengo tiempo", o "eso no tiene importancia". ¡Si tu no me escuchas, ¿quien lo hará?! Ayúdame por favor.
Y quiéreme, y dímelo. A mi me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo. Papás, el amor nunca se da por supuesto, se demuestra y se dice.
Me lo agradecerás cuando tu seas ancianito/a y me necesites como yo te necesito ahora.